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jueves, 2 de agosto de 2012

Comedias a la francesa



Un divertido mes disfrutaron los asistentes al cine club de Casa de los Pérez Meza con la serie "Comedias a la Francesa", que se proyectó durante el mes de julio.  Diversas reflexiones sobre la cotidianidad se alternaron con momentos de franca risa, suscitados por logradas escenas de destacados directores. 



El ciclo inició con una road movie filmada en las carreteras de Quebec. Padre e Hijos es una sencilla historia sobre la incomunicación que destaca por la magnífica actuación de Philippe Noiret y por un ritmo narrativo equilibrado que suscitó en los espectadores diversos comentarios sobre el valor de la unión familiar y la distancia entre las generaciones.



El tema de las relaciones inter-generacionales continuó con una bella película, La Mariposa, en la que un anciano (Michel Serrault) y una pequeña (Claire Bouanich) aprenden sobre las transformaciones de la vida al emprender juntos un viaje que suple en ambos la ausencia de amor.


Enseguida, La Ex Mujer de mi Vida generó, además de risas, admiración por el triple papel de guionista, actriz y directora desempeñado por Josiane Balasko en esta divertida película sobre la solidaridad y las relaciones de pareja.


Luego vino El Gran Papel, que dio pie a interesantes comentarios sobre la verdad, la mentira, el amor y la amistad.  En el film, dirigido por el joven Steve Suissa, la enfermedad incurable de una joven esposa se alterna con la farsa sostenida por su marido en torno a lo único que puede hacerla feliz.  


El ciclo culminó con El Closet, insuperablemente actuado por Daniel Auteuil y Gerard Depardieu, dos glorias del cine dirigidas por el máximo director de comedias en Francia:  Francis Veber.  La película destaca además por tratar de manera fina y divertida los temas de la homosexualidad y el machismo, marcando claramente su distancia respecto al tratamiento grotesco que ofrecen de estos mismos temas las comedias de Hollywood. 


sábado, 30 de junio de 2012

Ciclo de Cine Italiano Contemporáneo




Mayo y junio permitieron a los asistentes al cine club de Casa de los Pérez Meza adquirir una perspectiva de la sociedad y la cultura italianas a través de películas contemporáneas que, pese a su calidad, sólo se proyectan marginalmente en las salas comerciales de cine.


El ciclo empezó con Después de Medianoche, una película de Davide Ferrario que reflexiona sobre el cine, la vida real y el arte de contar historias. El protagonista, un silencioso e inexpresivo vigilante en el Museo del Cine de Turín, vive el amor con la misma lógica de las películas que admira, transformándolo en experiencia poética al son filmes clásicos, de música de la Banda Iónica y de la magnífica fotografía de Dante Secchin.


Il Divo, pese a basarse en la vida del presidente y senador Giulio Andreotti, fue una de las películas más comentadas por su tema, la complejidad del guión y la actuación de Toni Servillo. La conversación de los espectadores giró en torno a la psicología del poder, a la astucia, la falta de ética y la sagaz miseria de muchos políticos, y a la zorruna satisfacción de quienes se mueven al ritmo despiadado de la corrupción y la ilegalidad. En otros momentos el diálogo sobre el film de Paolo Sorrentino derivó por obvias semejanzas hacia la política mexicana con sus rasgos de corrupción, chantaje y sus alianzas con la mafia, la religión y los banqueros.


Con El Otro lado del Amor de Giusseppe Avati, surgieron interesantes reflexiones sobre el amor y el papel del destino. Ovidio y Lucrecio, Fellini y Chaplin emergieron también, a la par de comentarios sobre las grandes escenas del filme: el encuentro, la iniciación sexual, el reencuentro. Impecables, a decir de los espectadores, las actuaciones de Neri Marcore y de Vanessa Incontrada.


También sobre el tema del amor fueron los filmes Los Días del Abandono de Roberto Faenza, que explora nuestros patrones de relación con el otro, y Manual de Amor de Giovani Veronesi, donde se abordan ‘las cuatro fases’ del amor desde un divertido guión que enlaza las historias de cuatro parejas. Destaca en ambas producciones la actuación de Marguerite Buy.


Y centrada sobre todo en la poesía, El Tigre y la Nieve de Roberto Benigni aborda el amor con escenas surrealistas y un discurso casi obvio sobre la casualidad, el optimismo y los milagros. Más que por las actuaciones, que llegaron a parecer cansadas a algunos espectadores, la película es digna de recuerdo por fragmentos del guión como el que dice “Tú, girasol enloquecido de luz, cada vez que tus ojos se levantan se enciende el firmamento” o “si mi amor muere, pueden desmontar y llevarse toda esta puesta en escena, pueden desclavar todo, enrollar el cielo y cargarlo en un camión".


El Pozo de Gabriele Salvatore describe, a partir de un plagio, la confrontación entre dos generaciones: los adultos de un pueblo siciliano, marcados por un contexto de codicia e insensibilidad, y sus niños que espontáneamente son ingenuos y solidarios.  La película dio pie a reflexiones sobre la llaneza de la amistad infantil, capaz de sobreponerse a la ambición y la pobreza de ideales.


El ciclo finalizó con dos películas donde, al estilo de Fuente Ovejuna, el pueblo es uno de los grandes personajes.  En Malena de Guiseppe Tornatore, las circunstancias históricas se suman  para encender la envidia y el odio sobre una mujer sensual amada secretamente por un adolescente. El film crece con la bella música de Ennio Morricone y la actuación de Mónica Belluci.

 
Y finalmente Respiro de Emanuele Crialese, funde una narración realista y una poética en torno a la asfixiante relación entre una comunidad siciliana de pescadores y una mujer inadaptada a su medio social.  El principal vehículo de la relación es la propia familia que cierra todas las posibilidades de la soñadora e irreverente mujer.  Sin embargo la audaz y bella fotografía, se centra en el mar como símbolo de la libertad a la cual acceden todos después de llevar al límite la confrontación.  


Fueron nueve películas que mostraron un cine vivo, heredero de las aportaciones de grandes directores y capaz de rebasar creativamente cualquier temática impuesta por las producciones norteamericanas y su control de la distribución en México. 

jueves, 26 de abril de 2012

Ciclo Cine y Ambiente




El ciclo Cine y Ambiente que presentó Casa de los Pérez Meza durante el mes de abril, sin pretender abarcar las múltiples aristas del tema, mostró cuatro films que estimularon entre los cineclubistas la reflexión y el debate sobre la cultura y la naturaleza, además de comentarios sobre el propio hecho fílmico.




La Selva Esmeralda de John Boorman fue la primera de estas películas.  De referencia obligada, el film acude a la deforestación del Amazonas para tratar los daños que produce el enfoque civilizatorio de Occidente en las tribus indígenas, capaces de convivir con la naturaleza sin afectarla.  El hilo conductor de la trama es el secuestro del hijo de un ingeniero que construye una presa en el Matto Grosso, situación que se resuelve diez años después cuando la presa está terminada y es destruída por la propia naturaleza.




Con un enfoque más preciosista, pero también bajo la dirección fotográfica de Phillipe Rousselot, El Oso de Jean Jacques Annaud narra una historia animal en la que el ser humano cumple una función accesoria y antagonista.  La película, de excelente edición y ritmo, se enfoca más a belleza del ambiente natural y a la posibilidad de sentimientos filiales en otras especies. 




Muy similar a El Oso en su concepción de la naturaleza es La Niña y el Zorrito, de Luc Jacquet.  Sin embargo esta última, a través de la amistad entre una niña y un pequeño zorro, explora los límites de la relación ser humano-animales.  Sin llegar a distinguir entre móviles culturales y ontológicos, la niña que inicialmente tiende a contemplar desea después poseer, lo cual genera consecuencias trágicas.  Una bella película que gustó mucho al público infantil pese a que no comparte con Disney el estereotipo de malos y buenos.



El ciclo llegó a su fin el martes 24 con Baraka, de Ron Fricke.   Baraka es un documental poético que, sin diálogos ni narración, provoca múltiples emociones en el espectador.  A través de imágenes que adquieren significado al conectarse entre sí, el film llevó a los asistentes a reflexionar sobre la fragilidad y la grandeza humana, la rutina y la masificación que genera el bienestar capitalista, la humana lentitud de los vínculos entre el hombre y lo sagrado, y a formularse preguntas de alcance filosófico: ¿Qué somos? ¿Dónde estamos? ¿Qué es la vida?



domingo, 1 de abril de 2012

Ciclo de Cine Israelí


Los temas recientes del cine Israelí reflejan las transformaciones socio históricas del país, sus conflictos culturales y sus problemas de identidad. Se trata de un cine que no busca complacer al Estado, que se ha posicionado en festivales internacionales y que ha obtenido cada vez mayor presencia mundial.


Para obtener una visión de este floreciente avance, Casa de los Pérez Meza realizó durante los meses de febrero y marzo un ciclo con películas de varios directores representativos de Israel. Uno de ellos fue Amós Gitai y su film Kedma, que abrió el ciclo con la historia de un grupo de refugiados del Holocausto que son llevados a Palestina en mayo de 1948, cuando los británicos aún gobiernan, los árabes defienden su territorio y el Estado de Israel aún no existe. El tema, que ya había sido tratado por otros directores, es abordado por Gitai desde una postura crítica, en una película sin primeras figuras pero con reveladores soliloquios de personajes árabes y judíos.


El pequeño Tallarín de Ayelet Menahemi cautivó con su historia intimista y conmovedora, y despertó diversos comentarios sobre la vida de los migrantes y los problemas de la soledad y el aislamiento. Las actuaciones de Mili Avital y de Bao Qui Cheu dejaron un grato recuerdo en los asistentes.


Luego vino El primer baile, el primer amor, donde un niño de madre rusa y padre israelí enfrenta conflictos culturales cuando se enamora de una hermosa bailarina. La película aborda problemas complejos del alma humana y plantea al espectador la posibilidad de romper rutinas y ataduras.


Marzo inició con Imaginando Jerusalén de Ra’anam Alejandrowicz, una película mordaz y crítica que suscitó apasionados comentarios acerca de la religión, el poder corruptor del consumismo, la inmigración y la moral capitalista. A decir de uno de los asistentes Imaginando Jerusalén es “todo un estudio sociológico sobre la explotación del trabajo humano y el espíritu de Occidente, dentro de un guión disfrazado de comedia con su música pop y sus coloridas imágenes”.


Desde otra óptica, Uzhpizin (Los invitados) cuestiona también el flujo de lo religioso en la modernidad. La historia de una pareja pobre de judíos ortodoxos, genialmente interpretada por Shuli Rand y por su esposa en la vida real, Michar Bat-Sheva Rand, permite al espectador analizar el alcance de los milagros y de la fé, dentro de una trama que atrapa por igual a católicos y a ateos.



Dos películas de Eran Riklis dieron el toque final al Ciclo: la primera fue La Novia Siria, con algunos personajes-estereotipo y una sucesión de temas que desfilan conforme la protagonista, habitante de un pueblo islámico fronterizo, enfrenta a la burocracia israelí que la considera de “nacionalidad indefinida”. La otra fue El Limonero, donde Hyiam Abbass se lleva las palmas por su soberbia representación de una mujer palestina que es a la vez delicada y fuerte, hospitalaria y enérgica, cortés y digna. En esta película los asistentes encontraron diversas aristas del poder, presentes en la relación entre dos culturas que difieren en riqueza material y entre dos mujeres cuya relación con los hombres fluctúa entre la sumisión y la rebeldía.



domingo, 5 de febrero de 2012

Los delirios de Herzog

Este martes 31 de enero, al concluir el ciclo “Los delirios de Herzog”, algún asistente jugó con la idea de que, más que ver películas, había asistido a diversas manifestaciones de una personalidad particular. Esto es un halago para cualquier artista pues es la capacidad para expresar de manera única el mundo personal lo que singulariza una propuesta artística.


El ciclo inició con “Aguirre, la ira de Dios”, punto de partida para destacar un eje de la narrativa de Werner Herzog: la presencia de la naturaleza o de la sociedad como personajes que interactúan con sujetos singulares. "Aguirre…" traza la obsesión de los conquistadores de América, su ambición de poder y su fanatismo religioso dentro del poderoso entorno del Amazonas que termina dominándolos.



La segunda película proyectada, “Fitzcarraldo”, representa una hazaña en términos de ingeniería y de realización, pues traza sin trucos cinematográficos la historia de un cauchero peruano de origen irlandés que, en su afán de construir un teatro de ópera en pleno Amazonas, decide trasladar completo, por una colina, un barco de cientos de toneladas. La película es épica, sorprendente e irrepetible en su forma de describir la tenacidad humana, el idealismo y la locura.



El ciclo continuó con “Woyseck”, que aborda un entorno social de apariencia idílica donde la marginación y el abuso conforman un infierno para el protagonista, incapaz de comprender el mundo y de enfrentar su pobreza con virtud.



Y dentro de la producción más reciente de Herzog destacó en el cine club “La leyenda del invencible”, una película ambientada en la Alemania de entre guerras, donde el mago Hannussen, deseoso de formar una república de lo oculto al amparo de Hitler, intenta involucrar a un judío bondadoso y de gran fuerza física que se ha convertido en estrella entre los arios.



El ciclo culminó con “Enemigo interno” un film sin moral donde la decadencia urbana en el Nueva Orleans devastado por Katrina determina el destino del protagonista, quien vive con toda normalidad sus adicciones y su corrupción. Esta entrada al blog es en realidad un brevísimo esquema, pues el cine de Herzog se presta a múltiples reflexiones que permiten todas ampliar nuestra visión de lo humano.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Culmina el ciclo "Todo por la música"

La prolongación del ciclo “Todo por la música” durante los meses de noviembre y diciembre, atrajo a Casa de los Pérez Meza a amantes del jazz, del rock y de la música en general.



Después de un octubre con películas como Media Luna, Fados, París 36 y El hombre del Blues, los espectadores viajaron al mejor jazz gitano con el film Swing, de Tony Gatlif, historia que cuestiona la posibilidad de sedentarización gitana y destaca el papel de la música como integrador cultural, todo conforme se desarrollan las actuaciones de dos niños: Oscar Copp y Lou Rech, ambos de bella sonrisa y gran capacidad histriónica. Al mismo tiempo, la película es todo un banquete de improvisación musical, jovial y festiva, entre músicos como Tchavolo Schimtt y otras destacadas figuras del jazz manouche.




Vino después la posibilidad de confrontar a dos excelentes actores: Forest Whitaker y Jamie Foxx a través de películas que exploran el devenir del genio musical en una época marcada por las adicciones. La primera, Bird, alude al sobresaliente e inadaptado saxofonista Charlie Parker desde la mirada del gran Clint Eastwood.



La segunda trata sobre Ray Charles, y no es la inadaptación, sino la autoestima y la discapacidad lo que entra en juego con toda una generación de estadounidenses marcada por el fluir de las drogas. A partir de esto el director elabora una biografía cinematográfica que no se detiene en lástimas y retrata crudamente la adicción de Charles para buscarle motivos psicológicos -más que sociales- y enfrentarla finalmente a la fuerza de voluntad del personaje.



Shine a Light llegó después para mostrar deslumbrantes a The Rolling Stones y a un director que no oculta su admiración por la Banda: Martin Scorsese. Se trata de un documental escaso en entrevistas y flashbacks mediante el cual Scorsese pretende hacer hablar a la música y la imagen. Y lo logra, deveras que lo logra, coordinando un espectacular equipo técnico en el que sobresalen ONCE famosos directores de fotografía. Shine a Light es toda una experiencia por la desbordante energía del legendario grupo y la viva sensación de cercanía que ofrece el sonido de la película.



El tono del ciclo cambió con la proyección de la película Los Coristas, una historia sencilla pero profunda sobre un grupo de niños excluídos, víctimas de una pedagogía fascista, que encuentran en la música un escape de la realidad y un canalizador de las agresiones. La película tiene un tono tragicómico y obtuvo un merecido Óscar a la mejor película extranjera.



Y para empezar diciembre llegó Edith Piaf en la extraordinaria caracterización de Marion Cotillard para la película La Vida en Rosa. El director de esta cinta plasma sin idealizaciones, pero respetuosamente, toda la fuerza vital del icono de Francia y musa de los existencialistas, una Edith Piaf capaz de elevar su arte conforme crecen en su vida las desgracias y la autodestrucción.



Finalmente, "Todo por la música" culminó con una historia que impresionó a nuestros espectadores por la maestría con que Zefirelli recupera las verdades del alma de María Callas, su honradez y dignidad, a partir de una ficción que retrata los últimos meses de vida de la diva. No se trata de una película biográfica, pero Callas Forever traza, concentrada en un presente glamoroso y colorido, la esencia de la magnífica cantante de ópera fallecida en 1977.

viernes, 28 de octubre de 2011

Todo por la música


En las películas, la música suele ser un reforzador de la acción, pero durante el ciclo que realizó en octubre el cine club de Casa de los Pérez Meza, cumple una función más importante: mueve a los personajes, los afecta, los reúne, los expresa y los identifica.


El ciclo “Todo por la música” inició el martes 4 con Media Luna de Bahman Ghobadi, que suscitó reflexiones sobre la vida de los kurdos, la música como elemento de identidad y la opresión de la mujer islámica. La travesía de un anciano y famoso músico empeñado en integrar una voz femenina a su grupo dio lugar también a comentarios sobre la bella y enigmática mujer de las últimas escenas, cuyo carácter ambiguo la asimila a la muerte.



Posteriormente, en Paris 36 de Christophe Barratier, los espectadores disfrutaron la historia de un teatro de variedades y los esfuerzos de sus empleados por sacarlo a flote en la Francia de los años 30. Pese a lo predecible del guión, los asistentes destacaron la excelente fotografía, la belleza de la música, la solidaridad obrera y la clara nostalgia del director por un París ya inexistente.



Fados de Carlos Saura apasionó por la entrega de los intérpretes y por los recursos del director, capaz de narrar una historia enlazando canciones mediante danzas y escenarios de corte teatral. Fue inolvidable para los espectadores la última escena realizada en una Casa de Fados del Barrio de Alfama en Portugal.



El ciclo, que se prolongará a petición de los asistentes, culminó el martes 25 con un documental que permite conocer aspectos ignorados del cineasta Woody Allen. El hombre del blues explora los lazos del director con su madre, con su esposa, con sus admiradores y con el clarinete. Este último es el eje unificador sobre el que trabaja la documentalista Barbara Kopple, para retratar al Allen ejecutante en una gira que realiza por Europa con su jazz band.