













Y aunque Brazos de Sol, el tema de Alejandro Filio que dio nombre al programa, fue apasionadamente interpretado por ambos cantantes, fue la inspiración de Joan Manuel Serrat lo que acaparó la noche, con temas como No hago otra cosa que pensar en ti y Palabras de amor al inicio del concierto y con otras canciones del catalán: Cuenta conmigo y Tu nombre me sabe a hierba dentro del encore.
Mundo Sánchez motivó al público con su tono reflexivo e íntimo en canciones como Mujer que camina y Nos hizo falta tiempo. Elisa, con pleno dominio del escenario, hizo lo mismo en interpretaciones como Zamba de la Esperanza y Todo a Pulmón. Pero la conjunción de ambas voces y la intervención musical de Víctor Osuna y Ricardo Montes crearon momentos inolvidables en temas como ¿A dónde van? de Silvio Rodríguez, A la orilla de la Chimenea de Joaquín Sabina y Soy un corazón tendido al sol de Víctor Manuel.
Con estos conciertos, Elisa recupera sus orígenes troveros y vuelve al público que cosechó en sus andanzas universitarias. Y ningún lugar mejor que el Jardín de la Trova para recordarnos la vida íntima de esa música popular que destaca por su belleza, al margen de cualquier mercadotecnia.
Conocí a Luis Pérez Meza cuando yo tenía 7 u 8 años de edad y lo seguí viendo año con año durante los 50’s, 60’s y 70’s porque cada 30 de noviembre cantaba en las fiestas del santo patrono de San Andrés Mixquic, en el D. F.
Las fiestas duraban tres días, pero en la inauguración don Luis llegaba por el puente que está a la entrada del pueblo y caminaba con una Banda tras él, cantando a capella, a viva voz, hasta un templete que se montaba por la calle de los Lozada. No usaba micrófonos ni ninguna de esas cosas de electrónica que se usan ahora.
Eran tiempos de mucha pobreza. Yo recuerdo que todo el pueblo lo esperaba encobijado y lo seguía por las calles, atrás de la tambora, hasta llegar frente a la Iglesia donde él se detenía a seguir cantando. Luis Pérez Meza era un señor impactante, tanto por su personalidad como por su voz.
Generosa en su entrega, Elisa compartió con su público las emociones de un repertorio que para muchos era un descubrimiento: canciones como Pensamiento, Veinte años y Dos Gardenias se alternaron con otras más rítmicas como Piel Canela y Me voy pa’l pueblo. Pero al cantar “Amor es el milagro de la vida, la única, magnífica emoción” de Pedro Flores, la calidez de su voz encendió el momento mágico que hizo de esta canción una de las más aplaudidas de la noche…
El tema Capullito de Alhelí del recordado puertorriqueño Rafael Hernández cerró el recital y abrió paso al encore donde Elisa siguió recibiendo las palmas del público en canciones como No me vayas a Engañar, Quizás, quizás, Son de la Loma y Lágrimas Negras.
El concierto abrió con dos interpretaciones de Mundo Sánchez, Es caprichoso el azar y Sin la luna. Después vino Palabras de Amor, el primer dueto de la noche, que dio pie a otros temas sólo en la voz de Elisa, entre ellos Te doy una canción donde su voz lució a plenitud mientras recordaba sus tiempos de estudiante en la Facultad de Ciencias Sociales de la UAS.
Otros duetos de la noche fueron ¿A dónde van? (Silvio Rodríguez), Yo no te pido (Pablo Milanés), A la orilla de la chimenea (Joaquín Sabina) y Soy un corazón tendido al sol (Víctor Manuel). En este último el concierto adquirió un ritmo más vibrante cuando Alejandro Ocampo (bajo) y Ana Iracheta (guitarra) se incorporaron al equipo de músicos conformado por Ricardo Montes (percusiones), Víctor Osuna (violín) y el propio Mundo Sánchez en la guitarra.
Otro de los momentos más gustados de la noche se dio cuando Elisa cantó al “cotidiano y azul amor” de Andrea Saldaña, quien vino de San Luis Potosí especialmente para escuchar el estreno de su canción. Los versos, entonados a la vez con delicadeza y pasión, conmovieron al público que vibró inmerso en las metáforas del tema: “junto a ti sábanas tibias y voraces, incandescente hoguera en el invierno, fresca brisa de mayo desde abril”.
De esta manera, llevado y traído por las emociones trazadas a fuego lento en temas de Alejandro Filio, Armando Manzanero, Alfredo Zitarrosa y otros grandes de la canción, concluyó en el Jardín de la Trova este concierto, que el público guardará mucho tiempo en su memoria.

El ciclo inició con “Aguirre, la ira de Dios”, punto de partida para destacar un eje de la narrativa de Werner Herzog: la presencia de la naturaleza o de la sociedad como personajes que interactúan con sujetos singulares. "Aguirre…" traza la obsesión de los conquistadores de América, su ambición de poder y su fanatismo religioso dentro del poderoso entorno del Amazonas que termina dominándolos.

La segunda película proyectada, “Fitzcarraldo”, representa una hazaña en términos de ingeniería y de realización, pues traza sin trucos cinematográficos la historia de un cauchero peruano de origen irlandés que, en su afán de construir un teatro de ópera en pleno Amazonas, decide trasladar completo, por una colina, un barco de cientos de toneladas. La película es épica, sorprendente e irrepetible en su forma de describir la tenacidad humana, el idealismo y la locura.

El ciclo continuó con “Woyseck”, que aborda un entorno social de apariencia idílica donde la marginación y el abuso conforman un infierno para el protagonista, incapaz de comprender el mundo y de enfrentar su pobreza con virtud.

Y dentro de la producción más reciente de Herzog destacó en el cine club “La leyenda del invencible”, una película ambientada en la Alemania de entre guerras, donde el mago Hannussen, deseoso de formar una república de lo oculto al amparo de Hitler, intenta involucrar a un judío bondadoso y de gran fuerza física que se ha convertido en estrella entre los arios.

El ciclo culminó con “Enemigo interno” un film sin moral donde la decadencia urbana en el Nueva Orleans devastado por Katrina determina el destino del protagonista, quien vive con toda normalidad sus adicciones y su corrupción. Esta entrada al blog es en realidad un brevísimo esquema, pues el cine de Herzog se presta a múltiples reflexiones que permiten todas ampliar nuestra visión de lo humano.

“Que me importa que quieras a otra y a mí me desprecies” entonó Elisa para empezar su concierto con el arrebatado orgullo de Que te vaya bien. Y de allí en adelante transportó al público en sus alas por espacios de amor y desamor que hacían tono con la luna, repetida en el foro abierto y en la escenografía.
Volver y Tango Negro hablaron del perfecto ensamble que Elisa logró con su grupo de violín, percusiones, guitarra, requinto y contrabajo. Y mientras se escuchaba el corazón del público que seguía la presencia escénica de la cantante, los versos de Álvaro Carrillo se apropiaron del lugar con la canción que dio nombre al espectáculo: “No sufriré tu altivez aunque puedas vivir con el mundo a tus pies…”.
Los mejores indicadores de la total satisfacción del público que como siempre llenó el foro musical de Casa de los Pérez Meza fueron los coros y aplausos que acompañaron el encore y el saber que esa noche los asistentes compraron ya gran parte de los lugares para la siguiente función.